El ‘morenismo’ es un bloque disperso

Escrito por el junio 17, 2018

En la última rueda de prensa del bloque de Alianza País (AP) estuvieron 14 de sus 44 asambleístas. El pronunciamiento se dio en uno de los salones de la Asamblea. Afuera, en cambio, la Policía contenía a los simpatizantes del anterior Régimen que se convocaron a protestar el pasado jueves.

El resto de legisladores morenistas viajó a sus provincias o atendió asuntos personales, según la coordinadora de la bancada, Ximena Peña. Al consultarle sobre si el bloque legislativo continúa sólido, Peña respondió que es un grupo “deliberante” que va debatir sobre los temas “delicados”.

Elizabet Cabezas, titular del Legislativo, no niega que haya una ruptura dentro de Alianza País tras la votación en la que se declaró improcedente el pedido de la jueza Daniela Camacho sobre la vinculación penal al expresidente Rafael Correa en el caso de Fernando Balda.

Antes de la votación del jueves, los oficialistas tuvieron una sesión de bloque. A diferencia de lo que ocurría durante los 10 años en los que gobernó Rafael Correa, las decisiones políticas ya no son acogidas de manera unánime.

Santiago Basabe, docente de la Flacso lo considera un “despropósito”. Para él, la disciplina partidista en cualquier oficialismo es indispensable para la gobernabilidad. Caso contrario -añade-, los ciudadanos podrían llegar a la legislatura a título personal y sería muy complicado armar mayorías para aprobar leyes y reformas.

La heterogeneidad del bloque morenista es la razón de esta dispersión. Basabe identifica tres subgrupos. El primero de legisladores cercanos a Correa pero que se quedaron en AP. El segundo integra a aquellos de la línea del presidente Lenín Moreno. Y el tercero es de los representantes de los movimientos cercanos a AP, como son los legisladores de Manabí. A esto se añade que no hay una figura política fuerte que consolide una bancada monolítica en el legislativo.

La votación sobre el futuro de Correa provocó más de un inconveniente en el oficialismo. El miércoles, cuando se intentó cambiar el orden del día para tratar el pedido de la jueza, 20 asambleístas de AP votaron en contra y tres se abstuvieron.

Esa noche, Carondelet criticó a los parlamentarios que se “presentan como morenistas” pero que “no actúan de acuerdo con los principios de transparencia y justicia”.

Esa carta enviada por la Secretaría de Comunicación tuvo críticas. “(El comunicado) pudo haber sido mejor. El presidente Moreno ha sido el que impulsa que no existan los personalismos al interior del movimiento”, sostuvo Ximena Peña.

Tras la misiva, nueve de los legisladores cambiaron de opinión. El jueves votaron por declarar la improcedencia y lograron su aprobación junto con los votos de la oposición.

Para Esteban Nicholls, catedrático de la Universidad Andina, existe una división de criterios dentro del oficialismo. Uno de los factores es que no hay un “horizonte claro” por parte del Gobierno Nacional en cuanto a las políticas que busca afianzar con el trabajo de los asambleístas.

Un segundo factor -añade- es la falta de liderazgo desde el Ejecutivo, que permita aglutinar las fuerzas políticas. Esto da paso a que surjan liderazgos locales.

Para Nicholls, también existe un problema de coordinación. Los operadores políticos que se encargaban de coordinar entre el Ejecutivo y el Legislativo ya no tienen el mismo efecto porque no hay una claridad en los objetivos.

En el anterior Régimen, el encargado de coordinar el trabajo en las dos funciones era la Secretaría de la Política. Paúl Granda tiene un mes como su titular. Él se reunió con los legisladores antes de la votación del jueves. Pese a esto, 13 no acudieron a la votación en el Pleno que dio luz verde al proceso judicial contra Correa.



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