La manada y la justicia

Escrito por el junio 22, 2018

La noticia que llegaba ayer desde España daba cuenta de un dato insólito. Dos de los tres jueces de un tribunal dejaron libres temporalmente a los de la manada.

Los cinco jóvenes fueron acusados y sentenciados en primera instancia a nueve años de prisión. Ellos (entre los que se cuenta un militar y un guardia civil, encargado de cuidar ‘el orden’) fueron imputados por una violación a una mujer durante las fiestas de San Fermín en el año 2016.

Pero los sentenciados saldrán libres hasta que no opere la prisión en firme, una vez agotadas las instancias y quienes actuaron en manada tendrán el derecho consagrado: presunción de inocencia. El caso conmovió a la conciencia colectiva y en estos tiempos de sana reivindicación de los derechos, de lucha por la integridad física y sicológica, contra las taras machistas y la igualdad de género y reconocimiento de la diversidad.

El derecho de la presunción de inocencia y el respeto a una defensa justa y el debido proceso es inherente a la condición ciudadana y no una graciosa concesión que emana y desciende del poder.

Esos mismos derechos, consagrados en las democracias civilizadas fueron arrebatados a los ciudadanos libres y críticos durante la década oprobiosa del poder concentrado que vivió el Ecuador, y para colmo, todo operó a nombre de un cambio ‘quirúrgico’ que parecía indispensable y que terminó conquistando el voto popular por medio de la gigante y mentirosa propaganda para conculcar derechos.

Personas insultadas con frecuencia, derechos colectivos bloqueados, decenas de juicios a dirigentes populares, el derecho a la libre información y opinión cancelado y, como telón de fondo, la falacia histórica: ‘ meterle las manos a la justicia’.

Y sí que lo hicieron abusando de la buena voluntad de la gente que en efecto quería que cambie la justicia, para que sea para todos y se administre de forma imparcial, sin palancas, dinero ni influencia política que tanto daño le hizo en el pasado a la gente.

La metida de manos cambio jueces, construyó sistemas, atemorizó a los abogados y a la ciudadanos y siguió de modo obediente los ‘dictámenes previos y acusaciones de las sabatinas’ sin que los operadores de justicia se atrevan a dar la contraria al poder omnímodo que se construyó.

Hoy, esa misma justicia, ya sin la espada de Damocles, investiga y sentencia, varios altos cargos están presos y tienen causas en su contra por el manejo dispendioso y hasta corrupto de los dineros públicos.

Como si la audacia no hubiese tenido límites los presuntos delitos de seguridad empiezan a aflorar.
Los dueños de la justicia hasta hace poco reniegan de ella, y aluden a persecución política. Como lo hacen en otros países los imputados ‘Lulas’ y los señalados ‘Kirchner’.

Hoy, que la tortilla se da vuelta, debemos esperar que se enjuicie sin venganza. Y la ‘manada’ del siglo XXI que arremetía contra todo, se acostumbre a acatar la ley que juraron defender en nombre del pueblo.



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